Del homenaje al luto: siete policías que salieron a servir y no regresaron a casa.
- hace 17 horas
- 2 min de lectura
Tegucigalpa,18-06-26.
Hace apenas unos días, el 9 de junio, Honduras conmemoró el Día del Policía Hondureño. Fue una fecha para reconocer el valor, la disciplina y el compromiso de quienes visten el uniforme azul y salen cada día con una misión que pocas veces admite horarios, descansos o garantías de volver.

Hoy, el homenaje se convierte en silencio, la Policía Nacional de Honduras atraviesa uno de sus momentos más dolorosos tras el trágico accidente ocurrido en el sector de El Rodeo, Comayagua, donde siete miembros de la institución perdieron la vida mientras regresaban de cumplir una actividad logística institucional.
No estaban en medio de un operativo. No perseguían delincuentes. No enfrentaban un intercambio de disparos. Regresaban del cumplimiento de una tarea asignada.
Y aun así, el riesgo volvió a recordar una verdad incómoda: ser policía no solo implica enfrentar el crimen; también significa vivir con la incertidumbre permanente de que cualquier jornada puede convertirse en la última.

Las víctimas mortales han sido identificadas como:
• Subinspector Nelson Flores
• Clase I Osmin Fiallos
• Agente Cinthia Acebedo
• Agente Saida Viera
• Agente Pablo Valladares
• Agente Axel Cornejo
• Agente Merlín Medina.
Cada nombre representa una historia interrumpida, detrás de cada uniforme había hijos, padres, madres, sueños pendientes, conversaciones que quedaron para después y familias que hoy reciben una noticia que nadie está preparado para escuchar.
Junto al dolor por las vidas perdidas, al menos 15 funcionarios policiales resultaron heridos y fueron trasladados a diferentes centros asistenciales entre Comayagua y Tegucigalpa para recibir atención médica. La institución mantiene seguimiento a su recuperación y acompañamiento a sus familias.
Pero este hecho deja una reflexión que trasciende el accidente.
Con frecuencia la sociedad observa a la policía únicamente en el momento visible: retenes, patrullajes, operativos o controles. Rara vez se piensa en las madrugadas, en los traslados, en las horas lejos de casa, en los cumpleaños perdidos, en el cansancio acumulado o en el riesgo que acompaña incluso las tareas más rutinarias.
Hoy Honduras no solo pierde siete agentes, pierde siete servidores públicos que salieron a cumplir con su deber.

La tragedia de El Rodeo obliga a detenernos y recordar que detrás del uniforme existen personas que también esperan regresar, abrazar a sus hijos y sentarse nuevamente en la mesa de su hogar.
A los familiares de los fallecidos, el país les debe respeto y acompañamiento. A los agentes heridos, fuerza y recuperación. Y a los hombres y mujeres que continúan patrullando las calles, un mensaje claro: el servicio que realizan no debe darse por sentado.
Que el recuerdo de estos siete policías no quede reducido a una cifra ni a un titular de un día. Que permanezca como memoria, respeto y conciencia del costo humano que muchas veces implica servir.




Comentarios